martes, 8 de mayo de 2012

El ultimo tren




Odette miraba distraídamente el panfleto publicitario que le entregaron en la entrada de la estación Franklin Delano Roosevelt, se trataba de un pequeño restaurante de comida rápida de los muchos que existían en París y que curiosamente estaba junto a la Rue Rivolí, muy cerca del destino de Odette. Estaba tan absorta ojeando el plano que indicaba la ubicación exacta del establecimiento que no se dio cuenta de que estaba totalmente sola en la estación, un leve ruido le hizo levantar la vista, miró a un lado y a otro, en ese momento se percató de su soledad, un leve escalofrío recorrió su espalda, nerviosamente miró el reloj y las indicaciones de la situación exacta del tren, aún faltaban cuatro minutos para la llegada.

Odette era una chica bastante corriente, a sus dieciocho años recién cumplidos siempre, hasta donde su memoria alcanzaba, había tenido  problemas con el peso , no era excesivamente agraciada, y aunque todos reconocían en ella un cierto atractivo no era persona que sobresaliese en casi  ninguna cuestión, nunca había tenido buenas notas, era bastante vaga,   un poco hipocondríaca y sobre todo tenía verdaderos problemas para relacionarse tanto con compañeros de instituto como con su propia familia, sin embargo su inteligencia racional y visual era extraordinariamente fuera de lo normal, podría haber obtenido unas buenas calificaciones pero las clases le aburrían, y sobre todo a la chica nunca se le conoció una relación sentimental. Vivía con su madre en un pequeño piso cerca del Louvre desde que su padre les abandonó  por aquella congoleña a la que su madre siempre nombraba como "la afortunada", Odette recordaba cuando sus padres vivían juntos como una constante discusión, siempre peleando por alguna cuestión  hasta aquel día que simplemente su padre no volvió, sin mas explicaciones solo una nota, una fría nota de despedida  para Odette.

Escuchaba el silencio solo roto por el lejano sonido de unas escaleras mecánicas, Odette sintió algo de miedo, unos pasos parecían acercarse pero en un instante ese sonido desapareció aunque agudizaba el oído dejo de escucharlos , miró hacia las vías y observó una enorme rata que corría junto a los raíles, se la notaba acostumbrada a transitar por ese camino, a la cabeza se  le vino la rabia,  aunque no le gustaban esos bichos el solo mirarla como se alejaba la tranquilizó, un sonido lejano que provenía del túnel la puso sobre aviso el tren estaba llegando, lo primero que apreció fue la luz ,la potente luz que por un momento la cegó, cuando pasó a su altura intentó ver al conductor pero la luz le impidió verle solo pudo ver el numero del tren, el 166, pasaron varios vagones  se acercó a una de las puertas que se abrió silenciosamente, Odette entró apresuradamente en el vagón, como siempre lo hacia, le sorprendió que solo un pasajero ocupaba el vagón, se sentó frente al mismo y cuando instintivamente levantó la vista comprobó que el viajero solitario la miraba insistentemente, se sintió incomoda, le gustaba el bullicio del metro porque le permitía pasar desapercibida y no le gustaba que la mirasen tan insistentemente.

Pudo observar a hurtadillas que el viajero era un nombre joven, se podía decir que era atractivo a Odette le llamó la atención el color verde de sus ojos, luminosos, limpios, por un momento sus miradas se cruzaron, una sonrisa del viajero parecía invitar a Odette a hacer algún comentario, aunque no sabia que decir al viajero  se lanzó.

- Vaya, que solitario está hoy el metro.

- Bueno, le respondió el viajero, es normal es tarde y los martes siempre está mas tranquilo, además teniendo en cuenta que hoy se juega la final de la copa de Francia lo extraño es que vaya alguien en el vagón.

- Claro, no había caído en la cuenta.

Había algo familiar en el rostro del viajero, pensó que le recordaba a alguien aunque no  sabia realmente a quien, tenia una sensación placentera, miró a los ojos del viajero manteniendo la mirada, no se sentía incomoda, no sabia porque pero los limpios ojos del hombre la tranquilizaban.

- ¿Que tal tu madre?, le preguntó al viajero.

Odette no salía de su asombro.

- ¿Mi madre?...

- Si, espero que haya pasado ya el mal trago de perder a un hermano.

- ¿Como?. no entiendo, ¿Conoce Vd. a mi madre...., conocía a mi tío Clermont,. me conoce a mi?.

- Claro, mi querida Odette desde el día que naciste he estado muy cerca de ti, respondió el desconocido.

- Pero... yo no le conozco, ¿quizás debiera conocerle?.

- No mí querida niña.

Sin dejar que Odette pudiera rehacerse el viajero de forma enigmática se llevó la mano derecha al bolsillo de su chaqueta y sacó una vieja foto, que la acercó a Odette que al observarla abría los ojos con estupor.

- Pero, si es mi madre, muy joven, están mis abuelos en la casa de Cassis, cerca de Marsella, recuerdo la casa de haberla visto en otras fotos,  pero en la foto, ¿es Usted el  hombre que sostiene a una niña, y la niña?, no puede ser, exclamo Odette, no me dirá  que la niña?...... no acabo la frase, la sonrisa del viajero le confirmó que la pequeña era ella.

- ¿Pero quien es Ud., no le recuerdo? y suelo tener muy buena memoria y esta foto, nunca la he visto por casa, la abuela no debe tenerla porque de lo contrario me la hubiese mostrado.

- Mi nombre, no te dirá mucho, soy Gastón, durante algunos años fui el jardinero de tus abuelos, conocí a tu madre , prácticamente te vi nacer , antes de que cumplieras un año dejé la casa, pero siempre he sabido de ti, sabia que vivíais en París desde que tu padre os abandonó, te preguntarás de donde salgo y porqué estoy aquí hablando contigo, dijo estas palabras con un tono de tristeza que a Odette le dio un poco de pena.

- Varias veces has subido a este tren, el 166, me gusta cogerlo para volver a casa,  he estado a punto de abordarte pero no me he atrevido para no asustarte, pero esta noche era perfecta la soledad ha sido propicia.

Durante un buen rato Gastón hablaba y hablaba de los tiempos de Cassis, Odette se sentía bien, era como si conversase con un viejo amigo y la verdad es que le hizo olvidar sus problemas. Observó que cuando nombraba a su madre los ojos se le iluminaban.

- Mi parada de Louvre. Rivolí, tengo que dejarle, ha sido un placer, espero encontrarle otro día, exclamó Odette levantándose, el viajero se levantó cortesmente e introduciendo su mano el bolsillo interior de su chaqueta sacó la mitad de una pequeña moneda de 1 franco de plata y se la entregó a la muchacha.

- Dale esta media moneda a tu madre, ella lo entenderá y sabrá apreciar su valor, Odette mecánicamente abrió la mano y tomó la moneda, vio la mitad de una moneda con un año grabado, 1960, miró a los ojos a Gastón e instintivamente se acercó y le dio un beso en la mejilla.

- Gracias lo haré y espero volver a verle de nuevo.

- Recuerda, siempre en el tren 166, manías de viejos.

Odette bajó del tren  y observó como este se ponía de nuevo en marcha, pudo observar como Gastón levantaba la mano y como el tren se adentraba en el túnel rápidamente, salió de la estación encaminándose a su casa, cuando llegó su madre no había llegado aún, observó la moneda y la puso sobre la mesita de de la entrada, no quería que se le olvidase nombrarle su encuentro , se encaminó hacia el baño, quería refrescarse y relajarse un poco, se puso los auriculares y cuando el agua estuvo caliente se metió dentro, cerró los ojos pensando en el encuentro, poco a poco el sueño le venció..

- Odette..., Odette, 

Despertó de pronto, vio a su madre gesticulando, se quitó los auriculares.

- ¿Que pasa mamá, a que vienen esos gritos?

- ¿Has puesto tu esta media moneda en la entrada?, inquirió con ojos de sorpresa.

- Si, me la entregó un viejo amigo tuyo y de los abuelos, Gastón el jardinero de Cassis, me lo encontré esta noche en el metro, fue muy amable.

Mi madre, se tocó en pecho y con ambas manos en la nuca desabrochó una pequeña cadena, parsimoniosa mente sacó el colgante, era media moneda, la puso junto a la que Gastón había entregado a Odette, encajaban a la perfección.

-Pero hija no puede ser, exclamaba con los ojos muy abiertos por la sorpresa, no puede ser.... Gastón no te la puede haber entregado, Gastón murió........ en 1961 cuando tu tenias solo un mes, apareció en el lago con un golpe en la cabeza, todos dijeron que había sido un accidente al caer y golpearse con la barca, perdió el conocimiento y se ahogó......

- Pero mamá, como puede ser si yo he hablado con el en el metro, me ha entregado la media moneda, de donde la iba a sacar si no......, pero.... ¿porqué tienes tu la otra media moneda?

Con lagrimas en los ojos, apenas sobrepuesta por los acontecimientos la madre de Odette comenzó a musitar en voz muy baja.

- Gastón......

- Gastón y yo estábamos enamorados, cuando me casé con tu padre Gastón estuvo ingresado, casi pierde la cabeza, pero al poco de de nuestra boda tu padre y yo comenzamos con nuestras diferencias, nunca nos  llevamos bien y pronto Gastón y yo nos convertimos en amantes, fueron los días mas felices de mi vida, una tarde de agosto de 1960, Gastón me regaló este medio franco de plata y me pidió que lo llevase mientras le amase, y lo he llevado siempre, el se quedó la otra mitad, cuando le sacaron del lago la media moneda había desaparecido y hoy la vuelvo a ver en casa, veinte años después...

- No lo entiendo, mascullaba entre dientes Odette, después de estar hablando con su madre media noche mientras le contaba la historia y sobre todo cuando su madre le confesó.

-Odette,..... Gastón era.........  tu padre.

Ya en la cama, no podía dormir, no entendía lo que había pasado, comenzó a pensar si había sido un sueño, con estos pensamientos poco a poco se quedó dormida.

A la mañana siguiente, estaba esperando de nuevo el metro para volver al instituto, recordaba los acontecimientos del día anterior y de pronto recordó el numero de tren, el 166, se levantó y se acercó a una de las ventanillas de información del Metro.

- Disculpe, señor, podría decirme a que hora suele pasar el tren 166, preguntó la muchacha al viejo empleado que  con cara cansada  atendía a los viajeros.

- Señorita debe estar Usted equivocada el 166 fue retirado de circulación en 1961, lo recuerdo perfectamente porque yo fui el maquinista en el ultimo viaje, desde entonces estoy en esta garita de información.

Odette miraba al viejo con sorpresa, no entendía nada.



domingo, 15 de abril de 2012

El examen soñado



Jorge, no podía concentrarse, pasaba  de la una de la madrugada. Hacia mucho calor para estar en Mayo, miraba como las palabras y frases del libro parecían bailar ante sus ojos. El sueño le vencía, un nuevo sorbo de agua para intentar engañar al sueño, pero el sueño es obstinado y con una fuerza insospechada lograba dejar caer los parpados del joven. Tras varias cabezadas se levantó como un resorte y se asomó al balcón, necesitaba que el aire le insuflase nuevas fuerzas, no tenia mas remedio. Los últimos días  había estado mas pendiente de asuntos de faldas que del examen de Biología, pero claro, era la fuerza de las hormonas se decía asimismo.

Decidió bajar a la cocina. Montse, su madre, le había dejado dicho que si lo necesitaba, podía hacerse un café de capsula que era rápido y le quitaría algo de sueño. En unos minutos Jorge subía con una humeante taza de café, de forma ritual, saboreando el líquido, como si por tomarlo lentamente el efecto sería mayor y más rápido.

Con nuevas fuerzas tomó un marcador de colores y comenzó a subrayar  algunas frases y palabras que el joven consideraba claves para memorizar los temas. Y de nuevo, hincando los codos, como tanto le repetía su madre. Intentaba concentrase en las diferentes cuestiones objeto del examen, la noche seria larga ....

Se tomó aquella gigantesca taza de Cola Cao, con alguna galleta. Su madre ya se había marchado al trabajo. Como cada día, Jorge apenas tenia hambre, el estomago lo tenia algo alterado, pensó en el café de la noche anterior. Recordó como al final decidió confeccionarse alguna chuleta que llevaría bien enrollada, por si algo fallaba, la ruta de escape como las llamaban en el Instituto. Cerró la puerta de casa y se marchó a la parada del autobús ojeando el reloj. Vio acercarse el vehículo y levantó la mano, sabia como se las gastaba Mariano el conductor, si no le hacia señales pasaba de largo sin mas contemplaciones. Al subir al autobús escuchó a Mariano soltar un sonido gutural como respuesta al saludo de Jorge,  aunque el chico estaba mas pendiente de encontrar donde estaba sentada Eva. Cuando la encontró, una pequeña mueca de decepción cruzo por su rostro, estaba sentada junto a Patricio un pijo de mucho cuidado, tan engominado tan bien vestido, había que reconocerlo era un muchacho atractivo para todas las chicas. Jorge, forzó una sonrisa al pasar junto a Eva, aunque ella le ignoró . El chico se fue hasta los últimos asientos del autobús junto a sus amigos.

- El examen durará 1 hora, avisaré cuando falten cinco minutos. Entiendan que  cuando diga se acabó,  se acabó. Solo les permitiré la firma,  recuerden poner libros y otros objetos a los pies del pupitre. Ahora entrarán alumnos de segundo de bachiller, que realizarán un examen diferente al de Uds., por tanto guarden silencio mientras entran. - esas fueron exactamente las palabras  de Don José María mientras se colocaban los alumnos del curso superior junto los de la clase.-

Junto a Jorge se sentó, quizás, la que era consideraba por todos la chica mas espectacular del instituto. Marga,  era simplemente una belleza, alta, morena, ojos negros, inalcanzable para el joven, pero maravillosa a la mirada del adolescente. Jorge intentaba concentrarse en las preguntas, de las cinco sabia la respuesta de una, de otra podría enrollarse un poco, de las otras tres, seguro no contestaría dos, pero de la ultima la respuesta estaba en la chuleta que tenia oculta en la correa del reloj. Si todo salia bien el cinco estaba al alcance. Cuando comenzó a contestar la primera pregunta observó un movimiento extraño en Marga. Mientras escribía con la mano derecha su izquierda bajó hasta apoyarla sobre su pierna. Poco a poco, con mucho cuidado agarró el filo de su falda azul y comenzó a subirla descubriendo unas hermosas piernas llenas de letras, párrafos, frases. Tenia la chuleta escrita es sus muslos.

Jorge, desconcertado,  no podía   quitar los ojos de las hermosas , sensuales y pintadas piernas. Por un instante levantó la vista buscando a Don José María, ocupado en ojear el periódico. También  miró a los ojos de Marga,  la chica esbozó una sonrisa de complicidad que desarmó totalmente al joven. Ella continuó subiendo la falda hasta mostrar unas ligas de color negro que no sostenían medias, la excitación de muchacho iba en aumento, casi se le había olvidado su examen.

En una segunda y cada vez mas descarada ojeada observó como Marga descubría una pequeña chuleta enrollada bajo la liga. Con una soltura que sorprendía al muchacho y  muy  rítmicamente, ojeaba el pequeño papel bajando la falda si observaba que Don José María se acercaba. Jorge intentaba concentrarse en su examen pero no podía quitar los ojos de las sensuales piernas. En uno de los de los movimientos pudo apreciar el color blanco de la ropa interior de Marga que contrastaba con el resto de su indumentaria. Unas gotas de sudor corrían por su frente, en un movimiento inesperado la chuleta cayó al suelo. El chico vio como el  papel caía lentamente junto a sus pies, lejos del alcance de la muchacha pero dentro del campo visual del profesor que previsiblemente al pasar por ese pasillo vería la chuleta. Jorge observando como Don José María se acercaba puso mecánicamente el pie sobre la chuleta ocultándola de miradas indiscretas, durante un instante el profesor se detuvo a su altura.

- Dios, la va a descubrir pensaba el muchacho.

Afortunadamente pasó de largo, Marga le miró a los ojos, una mirada agradecida, muy agradecida, acompañada por un movimiento de labios que el chico pudo leer perfectamente.

- Gracias...

No podía perder mas tiempo para su propio examen. Esperó a que Don José María estuviese en el otro extremo de la clase para sacar la chuleta que tenia oculta bajo el  reloj, rápidamente comenzó a copiar. Tan absorto estaba en completar la pregunta que no se dio cuenta que su pie cambió de posición dejando al descubierto la chuleta del suelo. Observó como el profesor se dirigía hacia su mesa.

- Sr. Mendoza, póngase en pie, espetó con un tono que no dejaba lugar a dudas.

Se agachó  cogiendo la chuleta. La mostró desafiante al muchacho y con ojos inquisidores, en los que se reflejaba un punto de decepción que daba paso a una mirada de triunfo por cazar a uno de aquellos jovenzuelos que le intentaban engañar. Por un instante Jorge no reaccionaba. Lo habían cogido por una chuleta de otro, jamas lo habían cogido y ya eran años copiándose.

- Entregue su examen y considérese suspenso.  Quizás está tarde telefonee a su madre para contarle su conducta. Abandone la clase Sr. Mendoza.

Jorge miró de reojo a Marga, que con ojos asustados parecía pedir que no desvelase la verdad. En silencio abandonó la clase con una mezcla de desazón y triunfo por no delatar a una compañera, a la chica mas deseada del instituto que quizás con ese acto en adelante le miraría de otra forma.

Ya en casa, después del almuerzo, subió a su cuarto, sabia que Don José María se lo contaría a su madre y esto le preocupaba. No quería dar mas disgustos a su madre, bastante tenia ella con la muerte de la abuela. Con estos pensamientos, tumbado boca arriba en la cama, cerró los ojos pensando en las hermosas piernas de Marga. En la distancia y casi entre sueños le pareció oír un timbre lejano, quizás el teléfono, quizás........


- Jorge, Jorge........ Vamos despierta, no es el mejor día para quedarse dormido, sabes que Don José María es puntual y si llegas tarde no podrás hacer el examen de biología, vamos dormilón..



jueves, 29 de marzo de 2012

El Lienzo




  José A. Pastor  
Cuando encontré aquel  cuadro en el desván de tía Morgana, decidí que me lo llevaría a casa, mi madre siempre me dijo que su hermana había sido una persona muy especial. Abandonó su casa a los veinte años marchándose a vivir con un pintor, quince años mayor que ella, del que se enamoró locamente y al que la familia jamás conoció.

No supimos mucho de ella, solo a través de  algunas cartas muy espaciadas en el tiempo que tía Morgana mandaba en secreto a mi madre. Por ellas pudimos conocer   que era muy feliz. Vivía en algún lugar de la Bretaña francesa, junto a un hombre maravilloso. Mi madre lloraba en silencio cuando leía las cartas junto a la ventana. Cada tarde si no estaba muy ocupada leía y releía aquellas amarillentas cartas manchadas por alguna lágrima. Cuando acababa me miraba con esos ojos que solo una madre podía poner a una hija de tan corta edad, algunas veces empezaba a hablarme, casi en susurros:

-         Candice, hija mía solo rezo para que algún día cuando seas mayor puedas ser tan feliz como tía Morgana indica en sus cartas. Que encuentres ese hombre que te haga la mujer más especial de su universo. Cuando seas mayor toma las decisiones que tu corazón te dicte, yo jamás lo hice por respeto a tus abuelos.....

Pasaron los años y las cartas de tía Morgana dejaron de llega. Mama, echaba la culpa a la maldita guerra y a la ocupación nazi, pero la guerra acabó y las cartas seguían sin llegar. Cada día mi madre, envejecida por los años y los tiempos vividos, derramaba alguna lágrima.

Aquella tarde de primavera en la que celebrábamos mi veintiún cumpleaños, llegó aquella carta con sello francés, a mamá se le iluminó la cara. Abrió con un ligero temblor la carta y comenzó a leerla, su cara iba cambiando a medida que avanzaba en la lectura. Muy  pálida dio un paso hacia atrás y se apoyó en el sillón, llorando en silencio como siempre lo había hecho. Rápidamente tomé la carta de sus manos y mientras mi hermano Benjamín la atendía pude leer que la carta la remitía un tal Josep Berger, albacea testamentario. En ella comunicaba que el 14 de mayo, mama debería estar en Nantes para leer el testamento de tía Morgana.

Unos días después de la apertura del testamento, mi madre, Benjamín y yo, acompañados por el albacea nos encontrábamos  frente a una enorme casona a las afueras de Saint Malo.

-         Sra. Pick, esta es la casa que su hermana legó en el testamento.

Algo deteriorada, pero con un aspecto señorial, quizás  decadente pero tan impresionante que  no nos dejó  impasibles a ninguno. Su interior era fiel reflejo del aspecto exterior.  El polvo y algunas sabanas que cubrían  los muebles le conferían un aspecto algo tétrico. fue entonces cuando mi hermano abrió una de las grandes cortinas y la luz inundó la estancia. El aspecto del salón cambió por completo, hermosas pinturas colgaban de las paredes y la imagen a través del ventanal de los acantilados y el mar al fondo, cautivó mis sentidos.

-         Qué hermoso paisaje, musité casi imperceptiblemente.

Mientras mi madre hablaba de algunos detalles con el albacea, mi hermano y yo, como potros  salvajes que durante mucho tiempo hubiesen estado encerrados, nos dedicamos a recorrer todas y cada una de las estancias de aquella magnifica mansión.

Fue en el desván precisamente donde aquel cuadro llamó poderosamente mi atención. Tal era mi entusiasmo que le pedí a mama llevarlo a Londres conmigo, petición a la que mi madre accedió.

A nuestra vuelta instalé el cuadro en mi cuarto, sobre un caballete de pintor  frente a mi cama. La imagen  era la de un hombre  moreno de piel, con  pelo y  frondosas  patillas blanqueadas por canas.  Su edad me parecía  indeterminada, por sus canas aparentaba mas edad, pero su rostro, ese hermoso rostro me atraía. Llegué a desear que fuese el retrato del pintor, amante de mi tía Morgana. Imaginé mil historias de amor y soñaba ser la protagonista. Cuando me  despertaba por la noche  parecía que el retrato posaba sus ojos sobre mi. Durante un tiempo me atraía el cuadro de forma obsesiva . Sobre todo me obsesionaban las dos letras que a modo de firma se podían apreciar nítidamente “R.N.”, Llegaban a intrigarme tanto que a veces perdía la noción del tiempo.

Tanto llegó a obsesionarme la penetrante mirada de ojos negros que una noche desperté sobresaltada y lo primero que vi fueron los ojos del retrato que me observaban.  Un escalofrío recorrió  mi cuerpo, tenia miedo, el cuadro me atemorizaba. Instintivamente tapé el cuadro con una pequeña colcha. A la mañana siguiente sin decir nada a nadie subí el retrato al desván.

Pasaron  varios años en los que pude terminar mi licenciatura de  Filología. Mi hermano Benjamín se embarcó como segundo oficial del Queen Mary. Mi madre cada día mas deteriorada en su salud vivía en los recuerdos y vivencias de su hermana Morgana. Esos fueron los años  en los que conocí a Ross, el hombre de mis sueños. Desde el  día en que le conocí supe que seria el hombre con el que compartiría el resto de mi vida. Una mañana del mes de marzo, estando en casa, Ross se presentó de improviso.

-         Candice, tengo que darte una noticia, en julio he de  marcharme a Francia, me han ofrecido un trabajo en la Universidad de Nantes en el proyecto de reconstrucción de Saint Michel. Es la oportunidad de mi vida y no quiero rechazarlo pero no quiero ir solo,  quiero pedirte que te vengas , cásate conmigo…

No daba crédito a lo que escuchaba mi corazón palpitaba, deseaba, quería. Sin pensarlo, instintivamente me lance a sus brazos, besándolo con pasión.

-         Si, si, Ross, creí que nunca me lo pedirías.

A partir de ese día comenzamos los preparativos, mi madre era la mas ilusionada, en cierta forma deseaba que su hija tuviese todo aquello que ella no pudo tener. Aquella tarde le pedí a Ross que subiese al desván para buscar los baúles para el viaje.

Transcurridos unos minutos, Ross, bajó del desván cargado con dos enormes baúles y con una sonrisa de oreja a oreja.

-         Candice, que callado te lo tenias, me gusta el cuadro es precioso.

No se si Ross apreció en  mi cara la mayúscula sorpresa por su palabras solo pude decir.

-         El cuadro, el desván…….. Dios mío …..

Subí las escaleras creo que de dos en dos.., Al llegar al desván habitué mis ojos a la escasa luz que entraba por la claraboya del techo. Vi la pequeña colcha de colores a los pies del caballete, elevé la mirada hacia el retrato, mi sorpresa no tenia limites, mire las iniciales, allí estaban “R.N,”, ¿Ross Newman?, no podía ser.

-         Querida, que carrera, me dijo Ross, que se puso junto a mi, ambos  frente al  retrato.

-         Es fantástico, como has podido mantener en secreto este retrato, el pintor debe de ser muy bueno porque creo que me ha retratado muy fielmente.


Yo no sabia que decir, no sabia que pensar. El cuadro había cambiado total y absolutamente Solo me venia a la mente tía Morgana.





viernes, 20 de enero de 2012

Sendas del destino




El profesor Martín, observaba con detenimiento a un auditorio completamente lleno, le sorprendía que los estudiantes hubiesen acudido tan masivamente a una conferencia titulada "Como influye el azar en nuestras vidas", sentado ante doscientos alumnos universitarios no pudo por menos que tragar saliva, siempre le costó hablar en público.

- Buenas tardes, para ilustrar esta conferencia me gustaría contarles una breve historia, una historia real acaecida hace más de veinte años, todo transcurrió en Madrid, unos meses antes de finalizar el año 1974..

"Pepu, que así se llamaba el joven de nuestra historia saboreaba un café humeante, la cafetería estaba casi vacía solo le acompañaban en el bar una pareja, muy cerca el uno del otro, hablaban en voz muy baja, ensimismado en sus apuntes de Metafísica intentaba repasar de cara al examen de las cinco de la tarde, Pepu cursaba su último año de carrera, buen estudiante, de aspecto algo desaliñado y con una filosofía de vida algo peculiar, siempre decía que todos deberíamos de hacer cosas inesperadas , imprevistas, porque de ese modo el destino cambiaba con cada acto imprevisto, así, si lo normal era coger el autobús para ir a casa, Pepu iba andando y siempre utilizando calles diferentes, si veía a una persona que le agradaba se apartaba de su camino y durante un rato la seguía , la observaba hasta encontrar otro caminante que le llamase más la atención, así día tras día desde que empezó la carrera de Psicología, a veces justo antes de entrar a alguna clase decidía perderse por los caminos del parque del Retiro, Pepu pensaba que el destino no estaba escrito y que podía cambiarse día a día con pequeños actos.

Levantó la vista y observó que la pareja se había marchado, había perdido la noción del tiempo, continuo un buen rato absorto en sus apuntes y decidió marcharse a casa, al levantarse  le llamó la atención que en la mesa donde estaba la pareja y dentro del cenicero había un folio con una caricatura, le gustó, era una serpiente marina saliendo de una caracola, tomó el folio , miró la imagen detenidamente con una sonrisa en sus labios y se dispuso a pagar en la barra de la cafetería, mientras pagaba y casi sin darse cuenta de lo que hacía dio la vuelta al folio observando que había un plano de la zona de Puerta del Sol y alrededores, estaba marcada una ruta desde la misma cafetería finalizando en una de las calles que desembocaban en la misma plaza.

- Adiós, hasta el Lunes dijo despidiéndose de Hugo, el camarero.

Al salir a la calle una ráfaga de viento le hizo subirse el cuello de la cazadora de pana, el otoño había llegado con fuerza, miro a ambos lados de la calle intentando decidir por donde volvería a casa, aún llevaba el folio en la mano, mirándolo, tomó la determinación que aunque ese no era el camino más corto para llegar a su casa, seguiría el itinerario marcado en el plano que acababa de encontrar, de nuevo la espontaneidad de los cambios  de Pepu..

Lentamente como si el tiempo no le importase , tomó diversas callejuelas señalizadas en el plano mirando con detenimiento a viandantes y edificios, los escaparates le importaban poco solo se detuvo unos instantes en una pequeña librería que llamó su atención por la antigüedad de sus libros, llegó a la calle de Alcalá ruidosa con columnas de viandantes que como ejercito de hormigas invadían aceras y tiendas; cuando llegó a Puerta del Sol , Pepu se detuvo un instante disfrutaba con el bullicio de los sábados  que se agolpaba en la plaza. Miró un kiosco de prensa e instintivamente ojeó el ABC, en su portada podía leerse, "Haile Selassie, regente de Etiopía desde 1916 y Emperador desde 1930 ha perdido su trono" , sintió pena por ese pequeño hombre, miro de nuevo el plano y observó que la calle marcada como final del recorrido era la calle del Correo.

A mitad de la calle acababa el recorrido indicado sobre el plano, en una cafetería , Pepu dada la hora se dijo, bueno después de este buen paseo un aperitivo no vendrá nada mal, al intentar entrar , el joven de soslayo pudo reconocer a la chica que un rato antes había dejado el plano en el cenicero de bar, salía precipitadamente, con prisas, Pepu detuvo sus pasos y de nuevo sintió la necesidad de seguirla, al menos con la mirada, tenía un hermoso tipo y los pantalones ceñidos hacían que mostrara sus encantos a los ojos del muchacho, ojos que no podían apartar la mirada del hermoso trasero de la chica.

Con esa sensación placentera a las puertas de la cafetería, sintió de golpe que alguien le empujaba violentamente, tan violentamente que cayó al suelo estrepitosamente, la caída fue acompañada de un sonido ensordecedor que prácticamente le dejó sordo, no oía nada, y una enorme polvareda inundó la calle, el joven no alcanzaba a entender lo que ocurría , sintió como algo le aguijoneaba en espalda y piernas, aunque luchaba sus sentidos se apagaban.

El diario ABC del 14 de septiembre de 1974 recogía en su portada el titular" SANGRE DE VICTIMAS INOCENTES. El pueblo madrileño ha reaccionado consternadamente y con indignación ante el salvaje, brutal, incalificable atentado terrorista que ha causado muchas víctimas inocentes en un restaurante situado junto a la Dirección General de Seguridad, en pleno corazón de la capital de España"

El profesor Martín había logrado captar la atención del auditorio con la historia narrada, continuo un buen rato disertando sobre la influencia del azar en la vida y en la muerte, finalizando su conferencia con estas palabras.

- La mala suerte de unos es la buena suerte de otros y el destino se está escribiendo.

Dando por finalizada su conferencia un conserje se acercó a la mesa del conferenciante , le saludó y empujo la silla de ruedas hacia la salida.


jueves, 29 de diciembre de 2011

La cena



Aquella tarde cuando entré en casa mi olfato me dijo, "Nicolás ya es Navidad", los aromas se entremezclaban en mi mente, pollo, roscos de anís y el caldo para la sopa de tomate, una comida muy especial para una noche muy especial, durante un pequeño instante me detuve en la entrada de casa, quería disfrutar hasta el ultimo aroma, mientras me extasiaba, una melodía de Antonio Machín, que provenía de la vieja radio, daba paso al consultorio de Elena Francis, la devoción de mamá.

Mi madre no notó mi presencia, sentada en la penumbra de la cocina escuchaba atentamente el casi susurro de la radio, sacó un pañuelo del delantal y se enjugo las  lagrimas, se levantó dirigiéndose a la pequeña cocina de carbón donde burbujeaba la sopa, levanto la vista y al verme sonrió.

- Hola, ya estas por aquí, ven,  ayúdame a poner la mesa tu padre vendrá dentro de un momento, espero que llegue antes que tus tíos y tu hermano con la loba de su mujer.

A mi madre nunca le gustó demasiado su nuera Armonía, demasiado moderna y un poco vaga, se la llevaban los demonios cuando veía a  mi hermano Bernardo con la camisa arrugada  y alguna mancha en el pantalón, pero claro nunca quiso entrometerse, tenia la esperanza de que el tiempo la  hiciese  cambiar, pero sobre todo le molestaba la forma en que mi cuñada se dirigía a mi hermano dejándolo en ridículo a las primeras de cambio y aunque Bernardo no le daba importancia mi madre no lo soportaba.

-          ¿ Mamá los tíos vienen al final a cenar.?

-          En principio si, tu tía Juana esta bastante recuperada de la operación  y el tío Floreal me dijo esta mañana que contásemos con ellos, de ninguna de las maneras está dispuesto a prescindir del pollo en pepitoria, que prácticamente solo  lo comía de año en año de hecho me ha pedido que  hiciese una poca de mazamorra para acompañar.

Mi tío Floreal era hermano de mi madre, a mi siempre me gustó su forma de ser, era divertido además de ser cariñoso con todos, especialmente conmigo, a mis catorce años era el único de la familia que me hablaba de chicas y que se interesaba por mis cuestiones amorosas, llevaba muchos años trabajando en Suiza, emigró cuando se casó y venia cada seis meses durante un par de semanas, ahora tenia un permiso especial por la operación del pequeño quiste que le había salido en un pecho de tía Juana.

Hasta donde mi recuerdos alcanzan, siempre he recordado a mi tía Juana como alguien de la familia incluso antes de casarse, siempre por casa de día y muchas veces de noche, ayudando a mama, cuidando de mi o simplemente por no estar sola en su casa, sobre todo en los largos días de soledad y las largas ausencia de mi tío, tía Juana era  de semblante serio y de aspecto frío, pero nada mas lejos de la realidad.

-          Es extraño que tu hermano no haya venido, me dijo que como muy tarde estarían por aquí a las ocho y pasa media hora, espero que no pongan una excusa como el pasado año y al menos vengan un rato.

La radio continuaba alternando música de villancicos y  largos diálogos, súbitamente sonó el aldabón de la puerta, velozmente me dirigí hacia la entrada , abrí la puerta,  mire a un lado y otro, para mi sorpresa, no había nadie, me pareció extraño, cerré  encaminándome de nuevo  hacia la cocina, antes de entrar en la misma, de nuevo el llamador de la puerta, sonó con dos golpes secos. Me paré  y con cierta precaución abrí la puerta de nuevo, un pequeño escalofrío recorría mi cuerpo, en la puerta no había nadie, con cierto miedo  por lo extraño de la situación me asome a ambos lados  pero tampoco había nadie, de un portazo cerré y sin saber porqué corrí hacia la cocina, mi madre debió de ver mi extrañeza y miedo en los ojos y dirigiéndose a mi con una sonrisa de diversión me dijo.

-          ¿ Nicolás, que te pasa, quien ha llamado a la puerta.?
-          Mamá dos veces he abierto y no hay nadie, yo no abro más.
-          Anda Nicolás abre la puerta que es tu tío que es un bromista y está riéndose de ti. Mira el aldabón y comprenderás lo que te digo.

Me dirigí de nuevo a la salida y cuando estaba con la mano en el cerrojo para abrir, de nuevo dos golpes secos,  que hicieron dudar de mi valentía, sobreponiéndome y con mucho miedo abrí la puerta,… nadie.. Miré como mi madre dijo al aldabón, una enorme mano de metal con una bola, pero…, que… para mi sorpresa un fino hilo estaba atado a la mano de metal, cuando fui a coger el hilo, este se tensó y de nuevo un golpe de aldaba,  entonces lo comprendí todo, tome el hilo y me encaminé hacia la otra punta, es ese instante escuche una enorme risotada que salía de la esquina de casa.

-          Sobrino, te has acojonado, no lo niegues, hacia años que no me divertía tanto, dame un abrazo “Gorrión”.

Era el único en el pueblo que me llamaba gorrión, y por supuesto el que me daba aquellos efusivos abrazos, cada vez que me tenía a su alcance, no tenía ninguna duda, me quiso con locura desde muy pequeño, a veces pienso que quizás el no haber tenido hijos hizo que tuviese mucha pasión por mi. Venia acompañado por mi tía Juana a la que de inmediato y cuando me pude librar del abrazo de oso, besé en ambas mejillas.

-          ¿ Que tal estas, tía.?
-          Bueno, poco a poco mejora, espero que el bruto de tu tío no te haya asustado, siempre esta igual, nunca dejará de ser un chiquillo.

Ya en la cocina, mi tío abrazó a mi madre cogiéndola en volandas, mi madre fingía que le asustaba pero la verdad es que le encantaba como su hermano la trataba.

-          ¿ Oye, Carmencita, todavía escuchas a Elena Francis ?, anda pon otra cosa que a esa la paga el régimen, no hay villancicos flamencos, vamos sobrino dale una vuelta al botón a ver  si coges al menos  radio Peninsular, así nos enteramos de lo que pasa en España, porque desde que estoy aquí no me entero de nada.

-          No le digas eso al chico, le recriminaba mi madre, no le metas ideas en la cabeza.  Ya sabes que a tu hermano no le gustan las cuestiones políticas que aquí te encierran por nada.

-          Por cierto, soltó mi tío, me he encontrado esta tarde a Bernardo en el bar de la Plaza, me ha dicho que está noche no vendrían, que Armonía está en cama con dolor de cabeza, que te lo dijera, sabes que le dije, que no es que tuviera dolor de cabeza, es que ella es un dolor de cabeza.

A mi madre se la veía contrariada,  pero a la vez tenía una expresión entre irónica y poco sorprendida.

- Bueno, donde tiene mí cuñado el vino bueno, por cierto por donde anda, lo vi  esta tarde  por la Plaza de la Falange con el Gervasio el de la farmacia, iban tan entretenidos discutiendo que ni me vio.

Fue como una mirada fugaz la que intercambiaron mi madre y mi tía Juana, los años habían hecho de  la complicidad  entre ambas un universo sincronizado, mi madre sacó una botella sin etiqueta de la despensa y tres vasos, cuando había llenado dos mi tía le dijo que ella tomaría agua.

-          Sobrino, vayámonos al salón a ver como cuidas la chimenea, que esta noche hará mucho frío mientras te cuento como es Suiza y sobre todo como son las mujeres suizas, añadiendo socarrón, que aunque para mi solo existe mi Juana, lo digo porque igual algún día emigras conmigo, como aquí el trabajo está bastante negro.

-          Floreal, como eres, replicó Juana

Mientras abandonábamos entre risas la cocina, pude ver como mi madre y mi tía hablaba casi en susurros, solo pude entender de forma entrecortada.

-          Por Dios,... Gervasio, otra vez……….

Aún recordaba que hacia un año aproximadamente en casa se hablo mucho de Gervasio, mi padre, mi madre, mi tía, yo  nunca entendí muy bien lo que pasaba, solo escuche frases sueltas y siempre me mandaban que fuese a mi cuarto.

-          Viejo verde, …….. canalla....

Mi padre, se retrasaba, ya estábamos los cuatro en la mesa, mi tío ya se había tomado tres copas de vino, su locuacidad aumentaba por momentos, hablaba de las nevadas montañas suizas, de los paisajes nevados y de los verdes prados a la llegada del estío, siempre nos traía unas tabletas de chocolate nos  decía que era el mejor del mundo y la verdad es que era extraordinario aunque no teníamos mucho donde comparar.

La mesa estaba puesta, sencilla, pero vestida de navidad, mi tío atizaba el fuego mientras  mi madre y  tía  Juana hablaban en voz baja, preocupadas de no levantar la voz demasiado, mi madre miraba de reojo el reloj que sonaba monótono, le intranquilizaba la tardanza de mi padre, en la noche de nochebuena todos nos reuníamos en torno a la mesa y por primera vez ni mi hermano ni mi padre estaban en casa, disimuladamente mi madre  cruzaba miradas y gestos mudos con mi tía, incluso  a mi tío   se le notaba algo tenso era un bromista pero también era una persona que a las primeras de cambio se venia abajo, según mi tía era bueno pero "poca cosa".


El seco golpe del aldabón nos sobresaltó, pero a la vez nos extrañó, mi padre siempre llevaba llave, me levanté y abrí la puerta, mi sorpresa fue mayúscula, frente a la puerta mi hermano Bernardo con el rostro lívido me miró, saludó entre dientes de forma casi inaudible y entró en casa como alma que lleva el diablo,  a partir de ese momento los acontecimientos se sucedieron velozmente.


- Mamá,.... papa... está detenido ....... Gervasio ..... muerto ... Mama........, balbuceo mi hermano o al menos eso fue lo único que pude entender de su balbuceo.


Mi tío agachó la cabeza, no decía nada, mi madre se sentó un instante con los ojos rojos por las incipientes lagrimas,que ya durante muchos años fueron  sus  asiduas compañeras, mi extrañeza era proporcional a mi desconcierto, no entendía nada, mientras tanto en la radio se escuchaba ..


- Mi amable amiguita Linda Flor, como contestación a tu triste carta...............

Pasados los años pude entender que mi padre fue a la cárcel, de donde nunca saldría con vida, por una cuestión de honor, un honor llevado a los extremos que la educación  y moral machista de la época habían impuesto, y sobre todo por un episodio de ira incontenible de un momento de su vida, que por azarosas coincidencias coexistió con la Navidad.


Mi madre, mi madre lloró por la ausencia , lloró  por la muerte, lloró por la vida, siempre acompañada por su vieja radio y una vieja melodía.......


Espérame corazón,
si es que te vas primero,
espérame que pronto yo me iré,
allí donde tú estés.......

martes, 6 de diciembre de 2011

El coloquio de las moscas


Fue durante la siesta, la eterna siesta de nuestro  sur que con las calores de agosto hace las tardes interminables. En una de esas largas y monótonas tardes dos moscas, Zaul y Calra, que así se dieron en llamar, conversaban distendidamente sobre la vieja y deslucida  cortina que desde el bar mostraba sus rayas hacia la solitaria plaza .

- No veo la necesidad de cambiarnos de casa, aquí tenemos cuanto necesitamos, cambiar solo por cambiar no nos puede traer nada bueno, ya sabes como esta el mundo, le decía Zaul a su compañera .

- Pero yo quiero ver el mundo, estoy harta de vasos y platos y estoy harta de viejos que juegan cada día a las cartas, necesito aires nuevos que me den algo de vida, no lo aguanto . Esta situación es tediosa y triste, quiero ver las caballerizas reales, quiero ver los vertederos del mundo y los puertos de mar donde los pescadores descargan sus mercancía de vida para el mundo, respondía Calra, que de pronto en un arranque de rabia voló de las cortinas hacia un vaso semivacio  de café que había quedado olvidado en un rincón de la barra.

Zaul llegó junto a Calra y tomándose un instante para saborear los restos de azúcar que esparcidos quedaron en el plato donde reposaba el vaso, miraba a Calra y no llegaba a entender el porqué alguien quería cambiar una apacible vida por lo desconocido.

- Ademas, aquí nadie me entiende, nadie me habla, piensan que estoy un poco ida,  tampoco tengo padres, soy una mosca extraña en un mundo extraño para mi, se que tengo poco tiempo, mis padres han muerto y los padres de mis padres y los padres de mis ancestros, repiqueteaba monótona Calra.

- Quiero saborear, quiero oler, quiero sentir la vida a través de mis sedas sensoriales, quiero ser la mosca que pique a un caballo , quiero ser un espíritu indomable, quiero saborear las tiernas pieles de los niños ,aquí solo quedan pieles duras, viejas e insensibles, continuó Calra.

Zaul cada vez mas nerviosa movía sus patas rápidamente sobre el plato, incluso no vio una dulce roca de azúcar que quedó atrás, desde hacia mucho tiempo Zaul y Calra habían sido la pareja ideal e independiente del bar, prácticamente ninguna otra mosca se les acercaba simplemente eran diferentes.

- Mira podemos hacer una cosa, esperamos unos días y si en ese tiempo mantienes la idea nos marchamos juntas, le espetó Zaul  en el secreto deseo de que pasados unos días Calra se olvidase del asunto.

- No, está decidido en un rato me marcharé, volare hacia donde se pone el sol y mañana, mañana  amanecerá un nuevo día en el que mis deseos mas íntimos se cumplan sin remisión y está decidido me  marcharé, tanto si me acompañas como si no, afirmó Calra con contundencia.

Zaul que había sido siempre una mosca indecisa desde que nació no salia de su asombro, y solo pudo decir.

- Lo siento pero yo no lo veo claro, me da un poco de miedo, no me marcharé de aquí, aquí tengo cuanto deseo, cuanto necesito.

En un arranque de furia Calra levantó el vuelo. Como si quisiese despedirse de su monótono mundo voló y voló por la estancia del bar,  mesas, sillas, cristales cálidos, por la cocina semivacía  incluso se poso en el hombro del camarero un instante como si quisiese decirle adiós. Ese que aunque mas de una vez le tiró un manotazo en el fondo le tenia cierto aprecio.

Mirando a Zaul mientras volaba  dijo Adiós con los ojos, como solo las moscas saben decirlo ,un adiós para siempre.

Calra se coló entre las rendijas de la rayada cortina. Lo primero que sintió fue una cegadora luz,  la luz del verano de Sur.  Tuvo que posarse en el marco exterior de la puerta, estaba deslumbrada. Durante un instante sus ojos se habituaron a la claridad y lo primero que vio fue un enorme perro que dormitaba a la sombra. La curiosidad innata le hizo posarse junto en la oreja del animal. Fue moviéndose poco a poco  en dirección al morro del perro, desde allí la verdad es que se veía la calle, solitaria, calurosa  calle de verano. Nerviosa de emoción no dejaba de andar hacia la nariz del animal, cortos paseos de arriba a abajo.

De pronto el perro que parecía profundamente dormido hizo un movimiento rápido, muy rápido  tremendamente rápido que hizo que Calra acabase en la boca del animal que tranquilamente se la tragó y siguió dormitando a la sombra de la acacia.

En el interior del bar Zaul , la mosca mas timorata, envidiaba a Calra y ya había empezado a echarla de menos, sobre un trozo de azúcar soñaba en su amiga y las múltiples aventuras , los mundos nuevos que ya disfrutaría en su periplo hacia sus sueños y que Zaul  jamás disfrutaría,  pero bueno el azúcar también estaba en su punto.......